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lunes, 11 de febrero de 2013

Perro blanco, de Sam Fuller

En menos de dos horas, Fuller nos muestra las raíces sociales del racismo y lo difícil que será cambiarlo si es que continuamos dentro de un sistema demencial diseñado para que se perpetúe el odio hacia lo diferente. Como era de esperar, Perro blanco fue duramente criticada en los preestrenos realizados en Estados Unidos y no pudo estrenarse de manera oficial en dicho país sino hasta el año 2008. Su estreno internacional se realizó en 1982, en Francia e Inglaterra. El abordaje directo y sin cortapisas sobre el tema del racismo y la eficacia de la banda sonora a cargo de Ennio Morricone, han hecho de este film una película imprescindible.




Hijo de inmigrantes judíos de Rusia y Polonia, Samuel Fuller (Massachusetts, 1912 – Los Angeles, 1997) no demoraría en pasar al frente de batalla desde pequeño: reportero criminal, periodista en Nueva York, escritor fantasma, novelista, soldado de infantería. Todo eso fue previo al cine, aunque era el cine lo que buscaba más que ninguna otra cosa: “amor, odio, violencia, acción, muerte, en una palabra, emoción”; como consigna en Pierrot el loco, de Jean LucGodard, uno de sus más fervientes admiradores. 

El cine de Fuller fue emoción, pero de la mano de desarraigados y solitarios, personajes perdidos en las calles, en las trincheras, en sus propias mentes, en los pasillos de un manicomio, en las barcazas de los puertos, en los barrios bajos. En el fondo, su cine no hizo más que homenajear al hombre del siglo XX, al sobreviviente de un siglo y una sociedad de masas demencial que Fuller vivió a través de cruentas guerras e historias de crimen, un siglo excesivo cuyos rincones más oscuros y abismales conoció y buscó devolver en forma de una rara intensidad, de una belleza convulsa y desesperada. 

Tomado de: Godard! Año 11, N° 31, Lima - Perú

martes, 15 de enero de 2013

Hollywood y la guerra de Vietnam: Apocalipsis ahora

Apocalypse Now (1979) , dirigida por Francis Ford Coppola, se ha constituido en una película de culto. Los motivos: además de que sería una película buena desde el punto de vista estético (en lo cual se incluye su banda sonora), constituiría una crítica inteligente y demoledora a la política guerrerista de EE.UU. desatada en Vietnam. Como jóvenes que somos, no nos conformamos con lo que aplaude el establishment y procuramos  premunirnos de una visión crítica y que vaya al fondo de las cosas. Efectivamente, hemos ido más allá de la Palma de Oro ganada por esta película en el Festival de Cannes 1979, y hemos encontrado que no todo lo que brilla es oro. Ignacio Ramonet nos guía en este largo y duro camino de aprender a ver más allá de lo evidente.



Con Apocalypse Now (1976-1979), Francis Ford Coppola daba finalmente a la guerra del Vietnam su réquiem bárbaro, mostrando la caída grandiosa del imperio norteamericano; representaba la violencia suprema como última forma de la decadencia, el infierno ampliado a las dimensiones de un apocalipsis que arrasaba los valores heroicos sobre los que se había construido el poderío norteamericano; de esta forma intentaba hacer tabla rasa para un nuevo pacifismo.

Film milenarista (apocalipsis significa 'revelación'), Apocalypse Now contiene a todos los demás y también por tanto, todas sus ambigüedades, de las que la llamada a un nuevo franciscanismo, a un nuevo apostolado, bajo la égida norteamericana, no es la menor; cuando la ideología oficial de Estados Unidos al menos en teoría, es la de los 'derechos humanos', semejante coincidencia no deja de ser significativa...

Apocalypse Now es una obra muy personal, enteramente, histéricamente, de autor (como podría serlo cualquier film de Orson Welles), y es, también, una superproducción de treinta y dos millones de dólares destinada a ser difundida en todo el mundo. Este tipo de concordancia (una 'superproducción de autor') constituye un acontecimiento bastante raro en la historia del cine norteamericano...

Los mercenarios de Kurtz

La idea de realizar Apocalypse Now se le ocurrió a Coppola hace diez años, en torno a 1969, cuando oyó a su amigo el guionista John Milius referir algunas anécdotas insólitas sobre la guerra de Vietnam. Algunos meses más tarde, Milius y George Lucas (éste autor de American Graffitti y de La guerra de las galaxias), propusieron un guión basado en estos relatos increíbles. Era el momento más álgido de la protesta contra la guerra, y es sabido que Hollywood prefirió no producir films sobre la cuestión vietnamita mientra duraron los combates; el proyecto de Coppola también avanzó con timidez. Mientras tanto, este autor (que jamás se hizo notar por sus protestas contra la guerra, a pesar de gozar de una reputación liberal) alcanzaba la fama universal gracias a sus películas El Padrino primera y segunda partes (1972 y 1974) y La conversación (1974), que le supusieron una considerable fortuna.

Una vez terminada la guerra, se le ocurrió producir él mismo 'el primer film sobre la guerra del Vietnam': Apocalypse Now; como es sabido, ello forma ya parte de la leyenda del film, esta aventura financiera fue adquiriendo proporciones cada vez más monstruosas, engulliendo toda la fortuna de Coppola: casas, coches, propiedades, etc. Puso toda su fortuna en la producción de Apocalypse Now, cuyo rodaje tomó giros absolutamente demenciales: nueves meses de exteriores en las Filipinas, huracanes, fiebres, enfermedades, abandonos de actores, movilización de millares de extras, participación del Ejército filipino...

El capitán Willard

Apocalypse Now relata el itinerario del capitán Willard (interpretado por Martin Sheen) a quien el Estado Mayor norteamericano ha confiado la misión secreta de encontrar y ejecutar al coronel Kurtz (Marlon Brando). Éste, que en otros tiempos fue un oficial ejemplar, ha decidido hacer la guerra según sus propios métodos y la conduce con la mayor crueldad.

Kurtz, en compañía de sus mercenarios, ha buscado refugio en una región aislada de la jungla de Camboya, donde los indígenas le veneran como a un verdadero dios viviente. Mientras remonta el río a bordo de un artillero en busca de Kurtz, el capitán Willard es testigo de varios episodios ejemplares de la guerra de Vietnam, horripilantes y grotescos a la vez; a medida que va estudiando el informe de la CIA sobre Kurtz, su admiración por este 'oficial perdido' va creciendo, al tiempo que comprende cada vez más su gesto de celo cruel y su soberbio aislamiento.

Kurtz rodeado de niños nativos

La entusiasta acogida que la crítica francesa en general ha dispensado al film de Coppola ilustra bastante bien el desvanecimiento ideológico característico de los últimos años: nadie, o casi nadie, ha cuestionado políticamente una obra que pretende enterrar definitivamente (en cuanto tema cinematográfico ) la crisis vietnamita.

Al hablar de Apocalypse Now a menudo se han confundido las cifras astronómicas de su producción con los aciertos de su puesta en escena, como si se quisiese explicar la radical modernidad de la obra por el número de elementos convocados en su realización; pero nadie parece haberse cuestionado el hecho de que, precisamente, la acumulación desbordante de efectos visuales, el delirio de abarrotamiento en la imagen podían arrastrar al espectador de Apocalypse Now a un mundo de alucinaciones en el que la demencia generalizada y el permanente frenesí disimulasen de hecho la verdadera significación de lo que sucedió en Vietnam.

Ataque de los helicópteros al ritmo de Wagner

Francis Ford Coppola declaró que ver Apocalypse Now equivalía a 'vivir una experiencia Vietnam'; sería una especie de experiencia sensorial (la banda sonora está muy elaborada en este sentido) semejante a la que habría producido en nosotros la propia guerra, de haberla vivido. En resumidas cuentas, en opinión de su autor, ver Apocalypse Now sería lo mismo que haber hecho la guerra.

Pero, incluso admitiendo esto, podríamos preguntarnos: ¿en qué campo? Y la respuesta del film no puede ser más clara: del lado de los norteamericanos. Recordemos, por ejemplo, la famosa secuencia del ataque de los helicópteros; el vértigo de las zambullidas, la música de Wagner, los torbellinos aéreos, etc., todo se sube a la cabeza, es como una borrachera, transporta al espectador que participa sensorialmente en la batalla y se identifica con los comandos norteamericanos.  Toda esta secuencia está rodada desde el punto de vista de los atacantes; jamás se nos propone la visión de los vencidos, de los atacados, de los aplastados.  De ahí que, desde la comodidad de nuestras butacas, esta secuencia produzca un sentimiento ambiguo, turbador, desagradable: la impresión de participar (sin ningún riesgo) en una batalla colonial, en una operación de 'pacificación'.  Una extraña exaltación guerrera se apodera del espectador.

La perversidad ideológica de este efecto de cámara subjetiva no puede escapársele a nadie, ya que, como es sabido, fue frecuentemente utilizado por los operadores alemanes de informativos durante el nazismo para que las masas pudieran identificarse con el Führer.


Bombardeo a la población civil al ritmo de Wagner

En esta misma secuencia del ataque de los helicópteros y a pesar de las declaraciones antibelicistas de Coppola (hay que hacer una distinción entre las profesiones de fe del autor y la significación real del film), el coronel de Caballería, magistralmente interpretado por Robert Duval, con su sombrero de Ranger, su pasión por el surf y su desprecio por la muerte, no puede por menos que fascinar a todos los militaristas ya que está descrito como poseedor de todas las virtudes míticas del oficial de derechas soñado: intrépido hasta lo temerario, juez imparcial del valor del enemigo, venerado por sus hombres, excelente estratega y... siempre vencedor.  Rara vez el cine, incluso el más reaccionario, ha propuesto un retrato de militar místico, carismático, tan derechista y tan adulador.

En cuanto a Kurtz (Marlon Brando), ese antiguo 'oficial modelo' que se ha apartado de la pretendida legalidad guerrera norteamericana, el film da muestras de una curiosa indulgencia. A este respecto, no valen medias tintas; Coppola basa su historia en una noción de la moral guerrera: según él, existiría una manera limpia de hacer la guerra (probablemente respetando la Convención de Ginebra), que es la que desea aplicar el Estado Mayor norteamericano y la CIA, y una manera sucia, que es la que practica Kurtz (acusado principalmente de haber hecho ejecutar a dirigentes de Vietnam del Norte sin tener pruebas suficientes de su culpabilidad). El ejército norteamericano, como institución, aparece en el film de Coppola muy preocupado por el legalismo y los buenos modales; es tan moralista que no perdona a los que (como Kurtz) se desvían de su concepción caballeresca de la guerra. Esta idea de Coppola es verdaderamente escandalosa, ya que tendería a dar crédito al viejo principio del 'rey que ignora las fechorías de sus ministros', el Ejército yanqui sería sano en cuanto institución a pesar de las atrocidades cometidas por tal o cual oficial; semejante argumento es insostenible si se piensa en las masacres de My Laï o en los bombardeos de las poblaciones civiles de las ciudades del norte; pero además supondría olvidar que el mismo Pentágono (y no un oficial descarriado) había elaborado un plan, llamado Phoenix, para eliminar físicamente a todos los dirigentes vietcongs que operaban en Vietnam del Sur.

Coronel de Caballería: el típico Ranger norteamericano

Insistir en la voluntad de moralización de la guerra por parte de los estados mayores o de los gobiernos, es también un pretexto habitual utilizado por la extrema derecha para explicar las derrotas coloniales; las verdaderas responsabilidades recaen, según los ultras, en los políticos que no dejan a los militares hacer la guerra como es debido, con métodos 'radicales'.

Debido a ello, por otra parte, el capitán Willard, encargado de ejecutar a Kurtz, comprende profundamente  el comportamiento del oficial descarriado (no hay que olvidar que numerosos militares facciosos -Franco, Pétain, Salan, Pinochet- fueron, en un primer momento, auténticos 'oficiales ejemplares') y admite que gracias a su forma brutal de hacer la guerra ha conseguido 'pacificar' el sector que controla.  Así pues, en su opinión (que es también el punto de vista del film), Kurtz en ciertas formas tiene razón; esta sucia guerra sólo puede ganarse si se hace suciamente.  Por otra parte nos enteramos de que ésa era precisamente la constatación que había hecho el anterior ejecutor de la  CIA que decidió quedarse definitivamente con Kurtz, conquistado por la eficacia de sus métodos. El hecho de que Coppola haya dado a su obra tres finales diferentes (y moralmente opuestos, ya que suponen desenlaces contrapuestos: a) sustitución pura y simple de Kurtz por Willard; b) salida de Willard después de la ejecución de Kurtz pero sin destrucción de la base de los mercenarios; c) salida de Willard y destrucción por bombardeo aéreo de la base), demuestra que sobre este tema de la culpabilidad fundamental de Kurtz, el autor no ha sabido con qué quedarse, permaneciendo en una gran ambigüedad política.

Pero la lógica derechista del film va todavía más lejos, especialmente cuando le hace decir a Kurtz por qué se ha decidido a utilizar los medios más crueles, más sanguinarios y más implacables para hacer la guerra. El ejemplo, nos revela Kurtz, se lo proporcionaron los vietnamitas del norte que, un día, cuando los hombres de Kurtz acababan de vacunar a los niños de una aldea, arrancaron de cuajo los brazos de los niños y los amontonaron en la plaza del pueblo para que en adelante nadie aceptara nunca más nada de los yanquis.

Willard en busca de Kurtz

Aquí reside la suprema perversión política de Apocalypse Now: el origen del horror y de la crueldad se halla en el comportamiento del enemigo; los norteamericanos (que al principio eran 'buenos samaritanos' llegados al Vietnam para vacunar a los niños) se habrían limitado a imitar los métodos inhumanos de los guerrilleros vietnamitas.


Por último, a propósito de Apocalypse Now, queremos volver a insistir en lo siguiente: que este film describe un cierto número de aplastantes victorias norteamericanas, mientras que, a nuestro parecer, lo que es incontrovertible en el asunto vietnamita es precisamente la derrota militar de Estados Unidos. Este film no lo admite.

Así, frente a los problemas de la guerra, del militarismo y del colonialismo -temas políticos de primer orden-, Apocalypse Now defiende constantemente un punto de vista de derechas.

De lo que EE.UU no quiere acordarse: masacre a población civil inocente 



Tomado de:
Ignacio Ramonet (1983), La golosina visual. Barcelona: Gustavo Gili


sábado, 29 de diciembre de 2012

Pan Negro (Pa negre)


Este fin de año nos tendrá sujetos a una serie de actos consumistas y absurdos si es que no somos capaces de poner distancia y empezar a construir una nueva conciencia de lo que ocurre en el mundo. La visualización de "Pan negro" será un buen comienzo.

 

"Pan negro (Pa negre)" fue escrita y dirigida por Agustí Villaronga. Se proyectó en 2010 en el Festival de San Sebastián. Representó a España en los Premios Oscar 2012. Obtuvo premios en el Festival Internacional de San Sebastián, en la XXV Edición de los Premios Goya 2011 y en la III Edición de los Premios Gaudí 2011.

La película está situada temporalmente a fines de la Guerra Civil Española. Los franquistas ("nacionales") han triunfado y se vive una atmósfera enrarecida, donde todo lo que suene a "pueblo" o "revolución" es brutalmente atacado, como anticipando la salvaje represión que vendría después. Las familias republicanas han perdido a casi todos los varones (muertos en combate, exiliados o encarcelados), y tanto las mujeres como los niños son los que tienen que enfrentar las humillaciones provinientes de sus mismos paisanos: en los mercados, en la escuela, en la iglesia, de parte de las autoridades vencedoras, etc.

Es así que la película nos muestra, a través de los ojos de un niño, la debacle de los vencidos. Conforme transcurre el film, los límites entre lo correcto y lo incorrecto van cayendo, y solo queda reflexionar sobre si vale la pena abandonar unos dignos ideales ante un enemigo despiadado y cobarde, que no dudará en utilizar a los vencidos para sus fines y se desembarazará de ellos una vez que ya no los necesite. En todo caso, son las generaciones futuras las que pasarán la factura por haberlas dejado huérfanas de ideales superiores y de dignidad.


lunes, 22 de octubre de 2012

El estudiante: 
muestra del cine postmoderno latinoamericano

"El estudiante" llega a la escena mundial amparado por prestigiosos premios internacionales (Locarno, Toronto, BAFICI) que le adjudican múltiples cualidades: aborda una temática que había sido dejada de lado por la cinematografía reciente, brinda una visión "realista" del movimiento universitario argentino, sus diálogos son eficaces, su buena dirección de actores, etc.  Sin embargo, ¿qué hay de cierto detrás del aplauso complaciente de críticos de cine y jurados festivaleros? Veamos...

El galán

Lo bueno
* Uso efectivo de la técnica audiovisual, lo que le brinda una textura y una cadencia de documental, contribuyendo así a una sensación de cercanía por parte del espectador.
* Uso de ambientes naturales en situaciones reales (Facultad de Sociales de la UBA en plenas elecciones estudiantiles), lo que acentúa el carácter "objetivo" y de "fiel reflejo de la realidad" del film.
* Buen reparto de actores, con actuaciones sobresalientes (Horacio, Valeria) y en caja (Roque, Lorenzo, Zevallos, Hipólito) que logran disimular las actuaciones menores, por momentos disforzadas y poco creíbles, de Acevedo y Paula.
* Diálogos sencillos, de frases hechas, que los ciudadanos promedio usamos en el cotidiano.

Con la amiga "cariñosa"

Lo malo
A despecho de sus cualidades visuales, el guión del film es, de inicio a fin, una oda al cliché: los "progres" o "zurditos" (izquierdistas y afines) han sido, son y serán gente que va saltando de un partido a otro, es decir, "cambia de camiseta" como de ropa interior. El interés de esta gente no es la justicia, la igualdad, lograr un mundo mejor. No, señores, su interés es el poder, el poder por el poder, el "llegar" (¿a dónde? no se sabe). Y para "llegar" se sirven de todos los métodos que los medios de comunicación y las familias nos han enseñado que usan los izquierdistas: traición, trampa, contubernios, promiscuidad sexual, demagogia, manipulación, intriga, etc., etc., etc.

El film no presenta matices ni múltiples puntos de vista. Toda la trama del provinciano Roque y su espectacular ascenso político vía el conocido método del "braguetazo" en un grupito insulso llamado "Brecha" desemboca en el mensaje que nos vienen repitiendo desde que tenemos uso de razón: "todos esos grupos de izquierda (socialistas, comunistas, etc.) son la misma porquería, todos te quieren usar, todos te quieren controlar la mente". Y a continuación: "por eso no vale la pena comprometerse, uno debe velar por sí mismo; y si te metes, tú también aprovecha. Total, todos ellos te usan, ¿no? Úsalos tú también".

El objeto del deseo

Lo feo
Que nos pretendan dar gato por liebre, es decir, que recurriendo a una técnica audiovisual efectiva y que se vende como "objetiva", nos metan de contrabando la concepción de la Derecha Bruta y Achorada (DBA) que pulula en el tercer planeta: que esos "zurditos", esos "comunistas", que hablan de justicia, honestidad, limpieza, no a la corrupción, etc.; esos, son iguales o peores que el resto, así que no son nadie para reclamar. Nos preguntamos: ¿Tan poca cosa creen que somos los jóvenes? ¿Tan poca capacidad de discernimiento creen que tenemos?

Hay elementos de verdad en el film. Sí, los hay, y los mencionamos a continuación:
* La universidad pública, ninguneada y maltratada por el Estado.
* Los gobiernos de turno buscando enquistarse en las universidades para incrementar su poder y su acceso a dinero sucio (coimas, desviación de fondos, malversación, etc.).
* Grupos estudiantiles de todas las tendencias (derecha, centro y dizque izquierda) que han olvidado sus ideales (si es que alguna vez los tuvieron) y que se prestan al juego de las autoridades corruptas a cambio de ganancias de diverso calibre (becas, viajes al extranjero, cargos, dinero contante y sonante, etc.).
* Mayoría estudiantil sumida en la indiferencia, en la comodidad de la inercia, en el decadentismo, en las relaciones interpersonales superficiales y vacías, en la falta de ideales superiores, en la creencia de que "todos son unos corruptos" y no queda más que acomodarse al corrupto de turno.

Sin embargo, estos elementos de verdad han sido tan sobredimensionados y han sido usados de tal forma que el producto final es un velado y malintencionado ataque al movimiento juvenil universitario latinoamericano y argentino que se forjó en Córdoba a inicios del siglo XX y que, hoy en día, lucha sin descanso por una universidad pública de veras nacional y científica, que responda a las necesidades del pueblo y que esté en función de un plan nacional de desarrollo. Toda esa juventud correcta y con ideales no está representada en una película tan abiertamente tendenciosa como "El estudiante".

Y es que este film "novedoso" y "creativo" no aporta ideas. En él solo hay frases retóricas repetidas machaconamente a lo largo de toda la película y, por si eres tan lento que no las captaste, ahí está el locutor de comercial que te las repite en el momento más oportuno.

El ambiguo final también ha sido señalado como "sorprendente" e "inesperado", que brinda la moraleja de reeducación del protagonista. Nada más lejano de la verdad: las acciones generadas por despecho y por venganza no son ejemplo de reeducación en el camino de la bondad y de la ética. Ese "No" final es por las promesas incumplidas. No es un "No" a lo corrupto, a lo inmoral. Si Acevedo les cumplía, ese "No" nunca se hubiese pronunciado.


Lo ridículo
Los clichés de género del film:

* Roque, el "homo eroticus supermacho" del siglo XXI, que trepa vía el "braguetazo" y que tan bien calza en el dicho popular que repiten los que dicen tenerlas bien puestas: "Le doy a todo lo que tenga falda y se mueva". Y, cómo no, consigue el ideal de mujer que nos han vendido como señal de éxito: bonita y blanca (o blancona, que para el uso da lo mismo), con su toquecito de seudointelectual clasemediera para no desentonar con la tendencia actual. En ese sentido, no tiene pierde la conversación de Roque con su padre al momento en que lo está embarcando en el taxi después de la cena que sostienen con Paula y Acevedo.

* ¿Y las protagonistas mujeres? Impecables. Toditas sacadas del Manual Secreto del Macho Moderno:
+ Más fáciles que sumar 1  más 1 (y es que, ¿quién en su sano juicio se podría resistir a un galán tan guapo y con tanto futuro? $$$).
+ Besan, gimen, y todo lo demás lo hacen igualito de mecánico y sin gusto. Es el macho quien se luce y las satisface a todas, a toda hora y en todo lugar, con un impresionante sistema a prueba de fallos.
+ Todas las mujeres son, incluida la "intelectual de izquierda" (ojo, Camila Vallejo), unas mal disimuladas busconas a la caza de un marido con el cual divertirse y aprovechar un poco o, si se puede, durar hasta que aparezca otro mejor.  Recordemos dos escenas de antología al respecto: la conversación de Roque con el administrador del local para el plenario; y la conversación de Paula, Acevedo y Roque en la discoteca, donde alardean de sus conquistas sexuales.

Los tórtolos después de su primera noche

Concluyamos:
El valor de esta película no reside en lo celebrado por críticos y jurados quienes, en su gran mayoría, aplauden todo aquello que encaje dentro de los burdos estereotipos culturales que difunden los medios de comunicación. En ese sentido, "El estudiante" pone en práctica la "combinación perfecta y exitosa" de la cinematografía que predomina en el mundo: argumento retorcido y complicado (no complejo) en una ciudad latinoamericana, drogas, sexo y traición, todo a modo de documental y en locaciones reales.

Como se había señalado líneas arriba: hay una inmensa población de estudiantes latinoamericanos que no está representada en esta película. Y si están poco representados los centros urbanos, ni qué decir de las ciudades de provincia, donde el contexto sociocultural  está menos alienado y se orienta a intereses menos frívolos de los que obsesionan a los habitantes de ciudades capital como Lima o Buenos Aires.

Entonces, el valor de "El estudiante" reside en que es un excelente indicador de los argumentos que hoy en día esgrime desembozadamente la derecha mundial para intentar neutralizar cualquier germen de cambio, de reforma, y ni qué decir de revolución. Su frase preferida es: "Todos son (o somos) corruptos", y así supuestamente "desarman" a sus adversarios. Bueno, debemos informarles que NO somos corruptos millones de personas, así que no busquen meternos a la fuerza o con engaños en su tacho de basura.


El gurú y su discípulo

"El estudiante": frases para la histeria

"La traición, la más recurrente" 
(el "maquiavélico" Acevedo).

"En política, si te cagan, el boludo sos vos" 
(la "intelectual" Paula).

"Las alianzas son forma de tener poder y con el poder se gestiona" (el "genio" Roque).

"Vos sos buen cebador de mate y llegás derechito al ministerio" 
(el "lúcido" Hipólito).

"¿Desde cuándo es importante la opinión de los estudiantes?" 
(el "irónico" Hipólito a los jóvenes afines a él).

"Soy básico. Estoy enamorado (de ti)" 
(el "enamorado" Roque a Paula, inmediatamente después de fornicar con la secretaria del local que consiguió para el plenario).

"(Roque) dejó de estudiar por un trabajo conseguido por alguien de la agrupación" (la "sabihonda" voz en off).

"Jugamos al límite, sino no ganábamos. Estuvo bien. Pero es política" (el "gurú" Acevedo al "discípulo" Roque, excusándose de la forata que les dieron a él y a Paula).

"Su verdadero talento está en el manejo de la gente, la táctica y la estrategia, la ejecución y la toma de decisiones, discutir ideas, pensar alianzas, hacerse amigos, dar órdenes, es decir, la política" (la "sabia" voz en off, en el límite del discurso barato).

"Yo no me enojo, no sirve" 
(el "experimentado" Roque antes de vengarse de Acevedo y demostrar, paradójicamente, que sí está enojado).

El gurú Acevedo ensayando mirada varonil

Para saber más:

Presentamos los vínculos a páginas web que dedicaron un espacio a comentar el film que nos ocupa:

Crítica de "El estudiante" (versión extendida).
Representante de la crítica complaciente, panorámica y poco profunda  que inundó la red a raíz del éxito apoteósico de "El estudiante" a nivel internacional. Ideal para los que no ven más allá de una historia de amor simplona mezclada con thriller psicológico y seudomoraleja final, al mejor estilo norteamericano.

Más allá hay dragones
http://elpijamadehepburn.blogspot.com/2012/09/el-estudiante-santiago-mitre-2011.html
Crítica a caballo entre lo estético y lo político, con más peso en lo primero. Observaciones inteligentes y que hacen reflexionar acerca de las virtudes, omisiones, paradojas y exageraciones de "El estudiante".

La cátedra o la vida
Crítica que va más por el lado estético y artístico del film. Analiza sus características visuales, de coherencia del guión, sus alegorías y personajes.

Otra lectura de "El Estudiante"
http://habiaunavezunachica.blogspot.com/2011/12/otra-lectura-de-el-estudiante-de.html
Análisis más de fondo que de forma. Presenta antecedentes históricos que ayudan a comprender mejor el contexto del film. Comparación con otros films argentinos del mismo año (2011). Es la aproximación más crítica a "El estudiante".

El gran éxito cinematográfico


Vox populi: comentan en Youtube
(hemos respetado los comentarios sin corregir los errores de digitación)

1- Excelente pelicula de derecha, una visión de la políitica como uso de las gente en beneficio propio y a partir de la universidad. "Crea" una épica pre kirchnerista, sin pasión, ni entrega, ni ideales. Donde podrías dudar una voz en off te dice "(...) la política (...) una forma de hacer que los demás sigan tus órdenes".Ni el sexo se salva: imposible distinguir lo que se juega en un polvo al paso de una amistad con derecho a roce o un amor más aburrido que conferencia de Rajoy.
romanelunico hace 10 meses

Tenés razón. Yo también pienso que dá una imagen demasiado "negativa" de lo que es la militancia universitaria. Muestra sólo la "rosca" y la militancia universitaria es más que eso...¡por suerte!
darktide2008 en respuesta a romanelunico hace 2 meses

2- Mitre, Ud debería enterarse: , miles de pibes militan con todo fervor las 24 hs y comparten su vida en villas, barrios, sindicatos y universidades con tanta intensidad como la que despliegan al cojer. Claro en el siglo XXI en Argentina, no en los ´90.
romanelunico hace 10 meses

¿este Mitre es pariente del garca director de LA NACIÓN? Si es así, entiendo por qué muestra a la militancia de ese modo tan reaccionario y negativo....
darktide2008 en respuesta a romanelunico hace 2 meses

Chicos esto es una propaganda sin sentido...
Dieguito Quiroga hace 10 meses

de lo mejorcito de la propaganda oficialista!! me gusto, y me parece 100% recomendable.Plata bien gastada...
Francisco Lezcano hace 11 meses

No entendí un choto esta película, pero creo que entendí lo principal, que tampoco es noticia: son todos unos garcas.
MariposaRedimida hace 4 meses

Está bueno el concepto con el que hicieron la película, pero la realidad es otra, por lo menos para el 90% de los estudiantes de ciencias políticas, la mayoría se reciben, si. Pero siempre discuten con argumentos prefabricados y poco elaborados. Son pseudo revolucionarios, idealistas que piensan que ellos solos van a cambiar el mundo, hipocresía pura.
cfacundo2006 hace 4 meses

esta película es del típico caso de los bobos que se van a la facultad a jugar a ser el che guevara y no estudian un carajo , se creen revolucionarios por poner carteles y hacer estupideces y después se transforman en estudiantes crónicos que nunca se reciben .
nanreh93 hace 10 meses

querer una realidad mejor es jugar a ser revolucionario?
Pablo Benjamin Arroyo en respuesta a nanreh93 hace 9 meses

Viste la película? Yo voy a la facultad y es bastante así, puede que un poquitito sobreexagerado, pero es una visión bastante cruda de la realidad, parece casi un documental. Es política capitalista, no es como debería de ser.
solitariocamel hace 1 año